lunes, 4 de septiembre de 2017

Teorías y destinos


La tierra no siempre fue redonda. Hubo un tiempo indescifrable, apenas en el origen de la creación, cuando se trató de alguna masa amorfa, sin círculos ni óvalos, probablemente similar a una mesa, a una tabla, a una superficie lisa y llana. Este tiempo es absolutamente indescifrable, no podría existir con certeza ni en las ciencias más avanzadas ni en las fantasías más rebuscadas. Tiene que haber durado aproximadamente un minuto o medio minuto, o tal vez un cuarto de él. Tal vez duró milisegundos, o la fracción de ellos. No lo sabemos, jamás lo sabremos. El Helio se juntó al Hidrógeno y el Oxígeno al Carbono, cientos de elementos bailando una danza que, les aseguro, no era redonda. Porque amigos, la tierra no siempre fue redonda. En ese instante, previo a la formación, las figuras eran dispares. Miro el cielo intentando entender los ciclos. Pareciera que hemos existido y existiremos para convertirnos en núcleos sobre núcleos. Una célula junto a otra y a otra, círculos tras círculos, planetas en planetas, soles sobre soles, galaxias y demases. Me cuesta aceptarlo. Por eso imagino que, en algún momento, la tierra no fue redonda. Si el cielo me lo permite, si logro acertar en ese razonamiento, entonces mi ciclo podrá romperse, y así no tendré que cumplir mi destino al pie de la letra. Los imprevistos siempre deben estar considerados. Toda historia escrita los debe contemplar, jamás un propósito ha sido literal. Por eso me confirmo, mis pasos no están contados. Tal vez inevitablemente el ciclo se acabe, pero mis decisiones hasta entonces, me quedan a diestra. No hay siniestra que me engañe, la tierra no siempre fue redonda. 



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