viernes, 14 de febrero de 2014

Fábula de un error.



Por un terrible error del destino, mi pecho ha quedado prendado de la parte más alta de aquel árbol que usted ve por delante. Es un roble de tamaño inmensurable, y se preguntará como habrá, un ser pequeño como yo, llegado a las alturas de aquel ser vivo. Pues bien, le contaré mi historia, pero solo en afán de buscar ayuda, puesto que como le dije, es mi pecho el que está allá arriba.

Iba yo caminando de vuelta de la festividad, cuando por un quehacer mágico de los vientos, se ha desatado un torbellino en este camino enlodado. Fue mi equivocación desde un comienzo, sí, debí tomar el camino cotidiano, pero por el apuro de llegar luego a casa me he tomado el atajo y me he visto en tal circunstancia. Pues como le decía, entonces aquel torbellino ha arrasado con todo a su paso, incluido mi persona. Me ha agarrado como tormenta a la arena y me ha subido y bajado, golpeado y lastimado, herido y noqueado. Y luego de tanta maldición junta hacia mi persona he acabado entre las ramas de aquel majestuoso árbol, justo por encima de la copa.

Comprenderá que descender del mismo ha sido una desgracia. En primer lugar por el terror que he tenido a las alturas, por un tiempo creído superado, pero revivido en tal momento. La aversión llegó al extremo de que para descender totalmente me he soltado de todo agarre,  de ese modo, llegaría a suelo, como fuera. Así ha sido, y luego de un par de horas agarrado como gato, he cerrado los ojos y abierto las extremidades. Solo mi pecho era sostenido por la copa del árbol. En ese momento es que me vengo abajo, rebotando de rama en rama, de hoja en hoja, hasta que de pronto, he chocado de súbito contra el estiércol de esta tierra. Con el olor impregnado en la nariz, he sentido el vacío profundo de mi pecho ausente, y apenas ese segundo sucediera, he mirado a lo alto sabiendo que mi paz ha quedado atrapada en aquella primera rama del gran roble.


Quisiera ahora, ante vuestra presencia, contar con su ayuda, sé que tan noble corazón no podrá resistir el llamado de mi auxilio, y es que llevo tantos años atrapado junto a este árbol, que cuando le he visto venir, he comprendido por la luz de su presencia, que esta noche, con mi pecho, me he de reencontrar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario