lunes, 31 de diciembre de 2012

Cinta de Audio: 2012


Último día del año. Sí, hoy es.
¿Cómo? ¿Qué tengo que decir? ¿Ah? ¿Ahora? ¿Así en voz alta? Ok.
Empiezo no más. Ya. ¿Está prendío? Dale, Okidoki. Aquí voy.

Hola, mi nombre es Daniel Acuña, tengo diecinueve años, soy un idiota más de este mundo, pero un idiota que, al menos, sí sabe volar. Soy un soñador que hoy puede decir con alegría: he sobrevivido al fin de los tiempos.
Hoy se cumple el momento en el cual se firma que el dos mil doce ha pasado y el último de los años, ya es historia.
Así es, soy un sobreviviente.
Pese a todo sobreviví.
Por ello es que quiero agradecer a todos los que me acompañaron en esta travesía.
Fue un largo año.
Este año fui muchas cosas, muchas cosas soñadas, fui actor, dramaturgo, escritor, poeta, amante, ayudante, amigo, alumno, pololo, loco, ridículo, fotógrafo, hermano, idiota, hijo, un elefante alado capaz de llegar a lugares recónditos de la realidad inventada.
¿Y saben qué? Estoy orgulloso de eso.
Estoy orgulloso de haber llegado a la fecha en que estoy, de haber alcanzado mis sueños, de haber reconstruido mi mundo de entre las cenizas. Estoy feliz de haber sobrevivido a los años terribles que me golpeaban y estar hoy aquí, de pie, con miles de miradas embrujadas deseando mi muerte, contento de estar de pie, de la mano de mi Dios, de la mano de quienes me aman y me reconfortan.

¿Cosas que hice este año? Bueno, muchas. Presenté la Verdad Duele. Sí, me transformé en un zombi y di a conocer mi vida perdida por la nada.
Luego, fuimos a dedo a Valdivia. Así es, la llamamos “Expedición Brito”, y con mi Katastrófica Libélula llegamos a nuestra destino en menos de siete horas, y habiendo gastado solo 600 pesos en comida, pasaje y transporte.
Sí, fui ayudante, me desboqué ayudando a unos mechones malagradecidos capaces de abusar de la bondad de una buena intención.
Escribí otras obras, Fiji, El Diario de Amapola, y por supuesto, la que presentamos finalmente: El secreto de tu encierro. Me convertí en Prometeo cuando perdía las esperanzas de encontrar el amor verdadero, y en un juego hermoso del destino, esa obra me devolvió lo que me pertenecía desde la eternidad.
Trabajé en la facultad de asistente a la coordinadora de extensión, sólo mis amigos de la U saben cuánto corrí detrás de mi jefa con cada capricho que se venía en mente.
Inicié cuánto proyecto se me cruzó, tanto académico como artístico, y en medio de todo ese caos de horarios, ramos, trabajos y cafés, fui extremadamente feliz. Hasta a Valparaíso llegué unos días luego de haber ganado un viaje con todo pagado tras escribir un simple ensayo de quince hojas.
Conocí tanta gente, en teatro, en la Universidad, en la misma iglesia.
Sí, se construyó una iglesia en mi patio, en la antigua casa de mi abuelita. Me reconforta la idea de saber que ese siempre había sido su sueño, que en el lugar donde ella doblaba sus rodillas para adorar a Dios, cientos de otros también fueran convocados para adorar a su mismo Dios.
Escribí, sí, también escribí, me maté escribiendo, pensando, rayando mi pieza, jugando con los recuerdos, con las emociones, con el arte y con la naturaleza misma.
Por supuesto, tengo a muchos en mente. ¿Ahora mismo? Ok. Agradezco a mis mejores, a los más hermosos de la tierra que me acompañaron en este 2012; Katastrófica, Mati, Luchito, Nacho, Cami, Maca, Angela (House), Melliza, Malia, Kari, Alvaro, Tere, Negra, Javi, Naty, Manuel, Kitto, Yio, André, y bueno en general a todos ellos que, a pesar de mis continuos cambios de personalidad, no me han dejado aún, ni me han bloqueado, o en general, no han terminado odiándome como todo el resto de mis amigos. Sin gente como ustedes, el mundo estaría perdido señores.

Las palabras se me van en agradecimiento del año en sí. Comenzó prometiendo ser una aventura con todas sus letras, y literalmente lo fue, por supuesto que hubo momentos duros, terribles y que jamás quisiera repetir, pero un simple fotograma de un momento feliz, una simple margarita o sonrisa, me cambia todo el panorama y destruye con fuerza, cualquier sentir de pesar.

Dos mil doce, último año de la vida histórica del universo, has sido lejos lo mejor. Ojalá todos los años fueran el último porque la vida se vive al límite, con cada sentir, cada emoción, cada alegría en su grado real, en la plenitud de una vida que hoy equilibro y peso, Tenía razón, tomé las decisiones correctas y ahora, estoy más que feliz por, finalmente, estar en casa.
Felicidades que si este año fue grandioso, lo que nos espera, mundo, será el triple de mejor.
Un beso, un abrazo reservado para luego de las doce, y mis mejores deseos.
Sí, listo. Eso.
No, nada más que agregar.
Okidoki, no te preocupes. ¿En qué radio saldrá?
Ah, un blog, ¿Cuál? El mío. Ah sí. Dale, no, no, sí entiendo.
Gracias por considerarme.
Obvio que sí, si es mío, ya, ya, me callo.
No, no para siempre, No podría,
Lo mejor está recién por venir.

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