domingo, 2 de septiembre de 2012

Rodny



En tierras cercanas a la vuelta del globo, entre los páramos donde elefantes vuelan felices, cerca de los delfines con aletas multicolores y por las cimas del valle de las golondrinas, existió un ser mítico que jamás mis ojos vieran en otra galaxia. Su nombre Rodny, juró ser mi camaleón de la suerte, hasta que sin pillos ni demoras un día desapareció. Le busqué entre las cenizas, y el llanto y las flores, pero el camaleón supo esconder su cuerpo como quien se hace parte del mundo. Muchos años caminé pensando en el recuerdo del fiel animal, y a pesar de ser yo un elefante muy sabio, jamás pensaría que pudiera algo engañarme a tal punto ingenuo de invertirme los roles. Rodny se presentó como el camaleón azul que jamás ha cambiado su color. Yo le vi cerca de mis patas, allá donde el grisáceo azulado me impedía distinguir los tactos, pero ahora, luego de tanto rememorar, juraría haberlo visto en distinto; aún creo sentir esas espinas clavando mi gruesa piel, como si en parte de su cuerpo vistiera de púas. Le dije que se acercara a mi lomo para sobrellevarlo a un tiempo distinto, a un lugar azulado donde sí pudiera camuflarse, pero Rodny me decía que no: que jamás podría ser parte de algo, porque jamás encontraría aquí a lo cual pertenecer. Lo llevé en mi lomo mucho tiempo, por meses caminé recorriendo la sabana y sintiendo sus voces y pequeñas pisadas en mi cuerpo. Pero de repente un día, el mismo que le hice acercar a mi corazón para oír el latir, hubo de desaparecer, y nunca más le sentí, ni se movió, ni oí su voz; Busqué entre los alrededores, las rocas, los riachuelos, pero ya mi desgastada mirada herida no distinguía ni los colores. Muchos años más tarde, tiempo antes de yo recordar estos encuentros, un elefante se ha de enamorar de mis olores, el mismo elefante que yo iba a amar más que a la vida misma de este mundo imaginario. Volamos juntos durante tanto tiempo, envueltos en magia celeste y salar, hasta que un día, luego de despedir a la golondrina del valle, Pecca me quiso abrazar. Cuando lo hizo, cuando entre las nubes intentó rozar su pecho al mío, ha de verse en el dolor. Un grito y otro, y un gemido le hirió el vientre, el alma, Qué ocurre, No lo sé, Me duele abrazarte, No sé, No te vayas, Ámame. Le vi sangrar, le vi derramar una lágrima de esas que los animales no pueden crear; y entonces me susurró en lo alto de la eternidad, junto a las nubes y al eterno azul, Nunca te dejaré: Te amo más que mi vida misma. Y cuando dijo eso y volvió a abrazarme y pude sentir como mi corazón le clavaba el suyo, y mi elefante ya no gemía, sino que amaba y sonreía extasiado por nuestro amor, entonces ahí, Rodny habló. El erizo que se creía camaleón estaba mimetizado junto a mi pecho, en un ensueño encantado, camuflado por los vaivenes del destino; pidió disculpas, lo había olvidado, todo, quiso saber qué hacía ahí, que qué daño habría de causar, que despertó sólo al sentir un color vivo cerca, siendo éste la sangre que le obligaba a cambiar, transformar. Sinceramente me costaba creerlo, que Rodny se haya mimetizado en mi corazón solo ha de significar que me había destruido a tal punto de verme el alma azul, incapaz de movimiento real, solo vencido por el mundo frío. Rodny se acercó a mi lóbulo derecho, me dijo que él ya lo había entendido, que ya nada sería un retraso. Estando allí, en lo alto del cielo, me dijo, Aquí pertenezco, y saltó al infinito siendo lo último que nosotros viéramos con mi amado elefante. Entonces se perdió Rodny entre las miles de moléculas azules del aire, entre las nubes y el  eterno cielo. Pecca se acercó herido, con lágrimas no de dolor sino de amor, me abrazó tocando mi pecho con su ser completo, enredó su trompa en la mía, y escondió nuestras miradas con sus orejas. Allí me susurró muy cerca, He venido a sanarte, ya no hay más que dulzura en este corazón, ya no hay más que Appa y Pecca en este pecho, ya no hay más siquiera que amor. Entonces, ese día, muy próximo porque fuera ayer, me di cuenta que el amor era más grande que cualquier pasado, que cualquier ser, que cualquier cosa viva o no viva de la tierra, más grande y eterno que los sueños, más real que la fantasía, y más perfecto que el amor mismo: porque esto es más allá que un deseo, es la vida misma.


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