viernes, 13 de abril de 2012

Nosotros somos SKINS


We are skins, this is our decision, to live fast and die young.

Los sectores conservadores destruyeron el remake americano de la serie, los británicos clásicos renegaron del realismo que la puesta en escena brindaba. Skins, lejos, superó las expectativas de sus propios creadores: se situó en el plano de la serie culta, esa que nace en forma de crítica a la sociedad, no para seguir destruyendo, sino que para salvar vidas.
Creo que skins representa esa etapa difusa de mi vida que todos deseamos olvidar, pero que a la vez es tan hermosa y única porque es lo más propio y seguro que tienes como persona. En cada generación pude sentir un nexo con cada personaje, pude hacerme uno con las sensaciones de los protagonista, en cada capítulo fui uno de ellos.
Tardaría meses en hablar de cada personaje, tan solo con mencionar cuánto sufrí con las tres muertes principales, sin embargo logré sintetizar mis emociones en una selección.
Rescaté a Sid de la primera generación, siempre pensé que cuando la serie llegara a la televisión chilena podría ser yo quien tomara su papel. Lo sigo creyendo. Sid es tan distinto de mi, y por lo mismo, es el ser que mejor representa esa dualidad tan mía. Hubo un momento clímax de su capítulo (segunda temporada); la muerte de su padre. Creo que el abrazo a Tony es el llanto y sollozo más sincero de la serie, ese gemir ahogado por los bajos de la electrónica logró la máxima potencia en el personaje. Desde ese momento Sid se superó a sí mismo, nunca volvió a ser el mismo; sin aquello jamás habría sido el hombre que llegó a Nueva York en busca de Cassie.
Rescato a Effy de la segunda generación. Wow, diría Cassie, jamás creí que alguien entendiera lo que es una depresión sicótica, hasta que vi a Effy sufrir lo mismo que yo. ¿Era posible? Ahora veo que sí, el 4x05 (Freddy) nos mostró que los demonios sí existen, están pegados a las murallas en forma de recortes, ellos te persiguen hasta el parque y si tu verdadero amor no te protege, estarás muerto. Effy se volvió loca, el amor le cegó los sentidos de la razón, Effy sufrió mis males y yo sufrí los de ella, por eso la compadezco porque ella se compadecería de mí. Nombré a mi peluche como la jirafa de Effy, le puse Pato, sí, esa es la verdad, no me lo sopló él mismo, le puse Pato a mi peluche conejo cerrando los ojos y deseando que fuera la misma jirafa que acompañó a Effy, al otro lado del Atlántico, a superar sus males. Cook, Freddy, JJ, ¿qué importa quién era? Se trataba de amor, el amor la mató, el amor que murió ese fin de temporada acabó su vida e irónicamente la salvó.
Rescato a Franky de la tercera generación, su evolución es apocalíptica. ¿Puede alguien cambiar de ese modo? Creanme que sí, y no porque la tele lo diga; sino que porque yo cambié así. Como me dijo una amiga esta mañana: “Y te hiciste humanista po, así de un día para otro”. Así es, Franky dejó de ser la lésbica nerd otaku para convertirse en una afeminada perra rompe corazones. Confieso que durante los últimos capítulos, realmente la odié, su actitud se contradecía al comienzo de sus días, sin embargo comprendí que era parte de su búsqueda: hasta que no resolviera sus orígenes y dejara de huir, entonces no podría encontrarse. Franky, deja de ser una perra, digo Gracie, y simplemente sé Franky.

Somos skins, todos nosotros, somos skins no porque vivamos rápido la vida esperando morir jóvenes de abuso a las drogas, no. Somos skins porque nos enfrentamos a la vida y le ganamos. Somos skins porque nos encontramos a nosotros mismos, porque cada mañana al despertar es un nuevo capítulo de skins, con banda sonora propia, con personajes propios, con aventuras propias. Todos nosotros somos skins porque decidimos tomar las riendas de nuestras vidas, no vendernos al destino de la mentira convencional, ser libres y dignos de optar nuestro camino. Somos skins porque somos valientes, porque lloramos con la frente en alto, porque amamos con el corazón, porque lo damos todo antes de caer. Somos skins porque así lo quisimos, porque cuando vimos el primer capítulo de la serie sabíamos en nuestro interior que seguiríamos esta aventura hasta el fin de nuestros días, y al momento en el que algún Rich dijera “Bye”, entonces el sentimiento de felicidad sería pleno, porque habríamos vivido todo; completamente todo. Somos skins, esta fue nuestra decisión, vivir rápido, morir jóvenes.

Skins, desde siempre, por siempre y para siempre.

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