viernes, 3 de febrero de 2012

De copuchas y cahuines.


Mi perro boby se culea a toby, a vista y paciencia de todos en mi casa. En realidad esa es la escena más agradable posible, porque resulta que cuando el Toby (el perro más grande) saca el lápiz labial, entonces ahí sí que todos sufrimos. Pobre Boby. Lo importante es que, tener perros homosexuales nos enseña de tolerancia y comprensión; algún día filmaré la versión perruna de Prayers for Bobby. Dada esta circunstancia, estoy en todo el poder de no saber por qué todos me critican la elección de nombres de mis niete-gatas: Palmito y almito. Dicen que son mujeres con nombres de machos. Yo le digo a mi mamá: y cómo tu perro se llama Boby, debería llamarse Alexis o Dayana. No lo sé. Algo más transexual.

Estos días he estado enfermo, fui con el dolor de garganta donde mi abuelita y me dijo que me enseñaría una receta milenaria. Esto hacíamos nosotras cuando chicas, toma. Me pasó una mezcla en una taza, como soy medio estúpido no me fijé qué le echaba. Así que apenas me lo pasó, lo comencé a tomar. Nadie se dio cuenta porque conversaban. ¿Abuelita, esto tiene azúcar o sal? No, me gritó, tenías que hacer gárgaras.

Creo que por eso tuve la sensación de estar nadando en altamar y luego de haber tragado agua. Como que la cosa me da risa. Jijijiji. Pero risa de hombre. Hahahaha. De hombre, no de gringo. Jajajaja. Fin.

El otro día con mi mamá nos dio un ataque de risa en la calle. A media cuadra de mi casa hay un local de anteojos junto a una florería. Resulta que yo llevaba como seis meses preguntándome por qué la señora de los lentes se parecía tanto a la que vende el pan los domingos. Y resulta que ese día averigüé que era la misma que hacía hartas pegas. Pasamos por ahí poniendo atención de la señora, y ahí estaba, con su vecina la de la florería (que tiene cara de Corleone y mira con un solo ojo cuando te ve pasar) ambas comiendo sandias. A la escena de tres sillas plásticas en la vereda se sumaba una tercera mujer, creo que era la nana de la casa de al lado que también disfrutaba el tentempié. Pero eso no fue todo, porque tuvimos que volver a cruzar esa calle para comprar en el negocio de la esquina. Y la próxima vez que pasamos, ya tuve que pellizcarme y golpearme para evitar la desubicadez. La de los lentes, la misma que vende pan los domingos, estaba en plena vereda afuera de los locales y junto a la casa, tiñéndole el pelo a la florista. Mi cara fue de WTF. Pero luego comprendí que le hacía a todo. Miré a la florista y me miró con los mismos ojos Corleone, como amenazando con la muerte si los dueños de los locales se enteraran de sus sacadas de vuelta.

Ayer pasé por ahí y la florería estaba cerrada. Me sorprendí, miré la óptica y la panadera estaba vendiendo unos lentes. Por un momento creí en los mayas.

Una vez una amiga me dijo que las del norte no se depilaban. Eso me hizo recordar que una amiga trabajaba en una peluquería depilando, una vez la fui a buscar para almorzar y salió con cara de horror. No quiero comer, dijo. Le había tocado hacer un rebaje completo. Y sus desorbitados ojos coincidían con los míos al ver salir a la señora de entrada edad cojear.

Dicen que los chismes son malos, pero la verdad es que son lo más entretenido de la vida. ¿Qué sería de la tele sin las vidas privadas de otros? ¿Qué seria de la Geisha? ¿De la Valeria Roth? O del ¿Dany Martin? Tal vez la teoría Lockeana habría llegado a su fin esperado y la razón habría provocado el progreso indefinido. Probablemente el mismo alto a la razón haya sido ese, Jordi Castell demandando a Kramer. I don’t know. I don’t care.

Mi perro tiene una herida en su cuello, creo que es la muestra de afecto que le hace Boby luego del coito. Ellos se aman, o perros, fletos, pero se aman. Tal vez Palmito y Almito me salgan lelas y al final terminen casadas y con hijos, porque, de aquí a que crezca tal vez ya exista el matrimonio homosexual para animales. Cosas así pasarán el día en que Primer Plano, salga del aire: no existirán cárceles, ni pobres, ni niños, ni perros hediondos, ni drogas. Todo sería paz y amor, felicidad y entrega, alegría y mucha, mucha razón.

Locke tenía razón, por eso estamos donde estamos, la razón nos llevaría al progreso indefinido, no el chisme, la razón mierda.

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