miércoles, 19 de octubre de 2011

Inteligencia Art... Emocional.

Escuché a Daniel Goleman cuando mi profesora de Filosofía disertaba sobre las inteligencias. Ese día me sentí tan importante porque pensé, puede que no sea el mejor ni que tenga el mejor promedio, pero tengo inteligencia emocional y eso es lo que importa en la vida. Fui huevón. Sé, con todos los argumentos del mundo que mi inteligencia emocional no existe. Que mis emociones se controlan solas, no por un problema solamente hormonal de la edad, sino que porque aparte de mis enfermedades psicológicas, también hay alteraciones psiquiátricas incurables. Hace un tiempo hice un trabajo con un doctor para medir la cantidad de emociones e intensidad que podía sentir en un rango de 12 horas despierto. Me tocó graficar, era increible como pasaba de la alegría extrema a la tristeza suicida, de la rabia intensa a la paz más sublime. Y no dudo de que ambas emociones sean verdaderas, porque al final y al cabo son sensaciones mismas, cuando uno las siente, está convencido de que son reales.

Me pasa que lo relaciono con el amor, cuando uno se enamora, piensa que lo daría todo por una persona, si nos miramos en esa circunstancia cinco años más tarde, entonces nos avergonzaríamos de haber tenido convicciones tan vanas y poco sinceras.

Porque nos sujetamos de emociones, y las emociones son tan pasajeras. No porque Ud sea más normal que yo signifique que es más inteligente emocional. Porque al fin y al cabo la emoción lo engañará de todas formas, mientras sienta esa sensación, estará seguro de su convicción, pero tarde o temprano (en mis casos temprano) la idea desaparecerá y ya sentirá otra cosa. Entonces Ud ha sido engañado, y su Inteligencia Emocional, ha sido puesta en duda. Por lo menos, para mi.

No sé cuáles son los valores que sí valen en la vida. ¿Ser religioso? ¿respetar las normas jurídicas? ¿Ser buen hijo moralmente? ¿Trato social? Creo que la gente se escondió, en contraposición a todo lo anterior, diciendo que si no tenías las otras inteligencias, entonces eras inteligente emocional y así no eras hueco ni hueca, y entonces alcanzabas cierta superioridad sobre el resto de las personas.

Es lo que pasa con algunos religiosos que, por tener una fe clara y delimitada, entonces creen que todo el resto de la gente está mal y ellos son superiores por poseer la verdad. Ignoran que su mismo Dios está usando a personas mucho más pecadoras y sin que éstas conozcan nada de moral, probablemente en una tribu de África donde las mujeres andan desnudas y los hombres se masturban en comunidad. Mas no me cabe duda que el mismo Dios puede estar provocando milagros.

Hoy, una vez más, me di cuenta que no tengo inteligencia emocional. Perdí una página de un cuento glorioso que estaba escribiendo, perdí dos párrafos que, sin duda, me costó redactar. El netbook se me pegó y desaparecieron. Me dio como un patatús, fue tanto que empecé a tiritar y a llorar como si mi gata hubiese muerto. No, creo que si la Alma se hubiese muerto, habría sido menos. Pero, como dice un niño por ahí, ¿Quien dice que eso es malo? Es bacán.

Jamás podremos medir la inteligencia emocional, o si se logra mediante test, particularmente de dudosa evaluación, entonces simplemente comprobaremos que eran pocos los escogidos con inteligencia emocional, Einstein hubieron pocos. Por lo menos me queda la esperanza de que hay otras inteligencias, y que, en algo seré diferente y especial, tal vez en lo mismo de considerar esta teoría de rescate para los menos intelectuales como una obscenidad absurda y sencilla. Momento de no tomar la IE como un criterio de superioridad en mis próximas argumentaciones de orgullo propio.

Emociones, pasajeras, volátiles y simples. Rápidas, veloces y asustadizas. No me toquen que las odio, no me impregnen de su pasión extrema por lo vano; me han hecho perder la noción de realidades mucho más importantes. Tontas emociones que se divierten en provocar sufrimientos ajenos, mueran destinadas en un pozo de oscuridad. Lejos de los cuerpos vivos, lejos del calor de mi virgen alma.

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