miércoles, 5 de octubre de 2011

El Exorcismo

Un sofá húmedo. Es saliva, la rabia de la niña. Ojos perdidos, mirada penetrante. Él se le acerca y la huele, hay gritos y balbuceos. El resto de ellos mira con recelo y autoridad, buscan la aprobación del señor. La señora entra gritando. Ha llegado el cura. Entonces la niña se retuerce con fuerza y grita con desesperación mientras el monje le tira agua bendita. Él solo mira la escena. Dos hombres se integran a la escena mientras el demonio se manifiesta. Estoy aquí, siempre. Una risa sarcástica en voz grave. El sonido se esfuma bajo los rezos del sacerdote y la niña parece volver a la lucidez. Se sienta, su mirada sigue confundida, ella llora. El padre se alegra de la odisea, se gira para persignarse y en el descuido es golpeado por un ángel. Los sollozos de la madre crecen y la niña vuelve a ser poseída por el espectro de luz caída. Ella está aquí, dijo Él. Ellos miraron con brusquedad y rodearon a la menor con ahínco. Hay un espacio, debe haber. Uno se transfiguró, lo logró. Penetró la carne del alma y se sumó a la travesía. Legión será cuando yo entre, recitó Él con voz grave. Los presentes no le oyeron, solo sus secuaces. Angeles baratos rebeldes de gloria.

No es sólo blanco, es más que eso. Son miles de colores. No es un arcoiris, es una gama interminable de esencias nuevas. Es algo más grandioso de lo imaginable. Los cientos bailan con instrumentos en mano, festejan porque el día ha llegado. El Padre les ha dicho que este momento llegaría, que la fecha del gran cambio ya estaba cerca. Las trompetas del Angel de Luz sonaron con esplendor, todos voltearon a celebrar la alabanza del ángel, mas este hizo callar a la multitud. Él ha olvidado por qué se sumó, ha pasado tanto tiempo que las memorias se pierden entre las escenas.

Fui nombrado caballero real de su majestad la Gloria de la Tierra, del señor de este mundo. Del primer y único. ¿Único? Nunca pretendí una rebeldía, era un deseo en mi interior por la aventura. Tenía tantos deseos de conocer la tierra. Tanto anhelo de salir de esa adoración eterna y sumisa. ¿Me habré equivocado? Libre albedrío. Sí, con eso me convencieron. Irónicamente usamos la misma estrategia cuando la Iglesia quiso expandir su religión. Jamás comprenderán qué es la libertad, hasta que me sigan. Le hice caso. Total, ¿qué sería lo peor que podría pasar?

Ellos ya están adentro. Todos ellos han penetrado los puntos débiles. El padre se ha ido, la niña vuelve en sí a ratos pero se convierte en un monstruo cuando alguien la encara. Los psiquiatras la medican y los psicologos la revierten. Le cortan las ramas a un árbol de raíz invisible. Él está rondeando, esperando su momento. Sabe, desde hace diez años, que a esta edad la niña conocería al Evangelista y que éste vendrá a casa con un traje color caqui, corbata marrón y zapatos claros. Él sabe que el Evangelista la abrazará y por lo menos dos espíritus se verán forzados a salir. Pero está preparado, porque sabe que a los veinte minutos debe hacer su gran aparición. Y el tiempo ha llegado, luego de la oración del equipo intercesor la niña abre sus recuerdos para dejar entrar al Leviathan de la Legión. Entonces ella rememora, por fin, las crisis de la infancia, los recuerdos del abuso, los llantos del rechazo, y se pierde entre las emociones de su alma atribulada. El Leviathan está en posición, acorazando a su presa, llenando cada rincón del cuerpo, apoderándose de los tiempos de una joven crucial en los propósitos del Padre.

Ya no hay blanco. Es un color oscuro, es la perdición. No es rojo, ni amarillo. Es un olor a muerte y perversión. Él fue uno de los que cayó esa tarde, cuando el Hijo estaba en el comienzo de Su gloria. Dolor, rabia, frustración e ira le sobrevino. No podemos estar aquí presos. ¿Con qué autoridad? Decían los ángeles. Entonces una llave iluminó la sala y allí se vieron las caras. La degradación de la belleza era el escenario fuerte de la vista. Algunos gritaron de terror, ¿qué nos ha pasado? Se estaban debilitando, perdían su poder y la autoridad ya les era limitada. Desde ese día nunca fueron los mismos. Es verdad, muchos escaparon. Él lideró el viaje que sacó a miles de las cárceles de oscuridad. Mas una dicha habría sido sembrada en esos días y es la de un Libertador para el mundo.

No salvaré mi pellejo porque no tengo. Mi cuerpo era bello, era pura luz. Ya no me veo. A veces, en lo oscuro de la noche, cuando las luces rozan mi rostro, entonces me miró en lo secreto y creo ver un rostro demacrado, totalmente sufrido y triste. Me lo merezco, dicen muchos de mis compatriotas. Yo no lo veo así, teníamos que hacer algo; esa raza nos estaba superando. El Padre los amó primero. ¿Por qué? Si ellos igual se rebelaron como nosotros. No merece la pena. ¿Por qué los salva a ellos? Es injusto. Me he planteado una misión en la vida y es hacer sufrir a cada uno de los humanos que mi rey me encomiende. Y si el tal Apocalipsis algún día pasa, cosa que dudo, entonces allí estaré para pelear la batalla. Y ser fiel hasta el final. Fui fiel en lo poco, en lo que no se veia, tuve fe de que esto funcionaría; no me rendiré ahora. Jamás. Ironicamente, eso me lo enseñó mi padre.

La sangre corre por su nariz. Parece convulsionar de terror, la madre le ha puesto un paño para salvar la lengua. El Evangelista toma aceite y la unge, bebe de la sangre invisible que es más roja que la sangre de sus heridas, y unta el manjar de la unción sobre los ojos de la niña. Ella ya está grande, puede tomar sus decisiones. A lo lejos, dos caminos. Rechazas el bueno y nosotros te cuidamos, le susurra Leviathan sujetando la coraza con ambas manos. Rechazas a los monstruos y él te libera, decía el Evangelista en voz de suavidad. Vamos, repite conmigo.

Él está de pie. Ronda la casa, el perimetro se le achicó. No es lo mismo, pero tiene sus contactos en el interior. Sabe que moviendo las piezas correctas del puzzle podrá volver a su antiguo hogar, y esta vez con siete concubinos. Leviathan recuerda, rememora, piensa. Esta vez lo hará distinto, el silencio será la premisa. Nadie debe notar que hemos regresado, ellos deben pensar que estamos en el fondo del mar.

Con astucia y perseverancia lograremos vencer. La Batalla no es la Guerra. Vamos mis muchachos, las casas están vacías, anhelantes de inquilinos; si no les damos vidas, ¿a qué se ataran? Es el placer de los humanos, vivir adorando. Demosles dioses, seamos su centro, su vida, su conciencia. Soy invisible, me desgasté con el tiempo. Los tiempos han llegado a darnos un regalo, estamos en nuestro apogeo. Esto es mejor que Sodoma. Legiones multiplicadas inunden, con la fuerza de mi coraza serán invencibles. Y así, ¿habrá un Mesías capaz de salvarles?

No hay comentarios:

Publicar un comentario