lunes, 26 de septiembre de 2011

Reloj

Descubrí que tengo un superpoder. Soy como Sylar de Heroes. Comprendo la maquinación de los relojes. Aún no lo domino a la perfección, pero con el tiempo correcto, entonces podré asesinar a otros especiales y quitarles sus poderes. Resulta que hace dos años y un poco más me regalaron un reloj. El peso del don no es tan solo emocional, sino que además espiritual. Ese regalo marcó nuevas épocas y tiempos. Lo tuve por mucho tiempo y me acompañó en duros procederes. Pero luego algo le ocurre. Algo inesperado. Se agota. De a poco, casi imperceptible, los segundos se van demorando un poco más que de costumbre y el vigor de un comienzo pierde su fuerza. Lo noté cuando a veces se atrasaba por media hora. Mi primera reacción, fue cambiarle la pila. Done. Lamentablemente siguió malo. Se lo llevé al relojero de la familia, mi Tata. Lo limpio y hasta le hizo un machitún de limpieza. Pero nada. Uno de mis hermanos dijo que el que estaba malo era yo, y mi abuelita dijo que mi biorritmo estaba contrario. A cualquier otra persona le funciona a la perfección. Es decir, no tiene ni un problema. ¿Cómo lo sé? Porque luego lo llevaron al relojero y éste lo revisó por todas partes. Luego de casi tres semanas de probarlo y observarlo me lo trajeron de vuelta. Contento me lo puse, por fin todo había acabado. Oh rayos. En la tarde miré la hora y por veinte minutos mi tiempo se había perdido. Ahí comprendí el mal de ojo que me echaron los monjes, mi Tata dice que cuando me lo regalaron venia con malas vibras. O alguien lo poseyó. Pero luego sucedió algo. Algo que me hizo darme cuenta que no era el reloj. Sino yo. Me probé otro reloj y ¿que pasó? En unas horas, se adelantó media hora. Sí señores. Estabamos en la mesa con mi madre, cuando me percaté y exclamé eufóricamente: soy Sylar. Esto tiene su lado bueno, pero también su lado malo. Recordemos que Sylar es el asesino de los heroes. Pero que va, por lo menos tengo un superpoder. Ahora sólo me queda aprender a usarlo. Tal vez, solo tal vez. Yo sea como Hiro y pueda crear universos paralelos con tiempos distintos. No sé, el tiempo y la práctica dirán mucho. Por ahora me sentaré con mi colección de relojes a escuchar ese palpitar tan similar al latido de un corazón herido. Me ahogaré en los sonidos de un tic tac disonante y arritmico, incapaz de llevar el flujo de la vida correctamente. Malditos relojes, que cerca de mi, se destruyen. Malditos tiempos, que en mi vida, no tienen sentido.

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