jueves, 11 de agosto de 2011

Ravotril

Estaba rodeado de chanchos, y de gente comiendo como chancho cuando la vi. Fue como la escena de una pelicula de terror. O más bien, como las peliculas de niños (Harry Potter y Narnia) donde un espíritu te recuerda el pasado a través de flash. Su rostro lo mostraba todo. Allí en medio de la muchedumbre, sentada y con aspecto tranquilo, mi primera psiquiatra coincidió su mirada con la mía. Entonces un calor me sofocó el alma, y todos esos instantes tan terribles me volvieron al cuerpo, como si hubiesen vagado por el mundo por más de un año. Y la verguenza me paralizó y no fui capaz de sonreir, ni de llorar, ni de hacer ninguna mueca. Solo caminé, seguí caminando y mirando sus ojos a la vez hasta perderla entre la gente y darme cuenta que sudaba frío. En realidad la anterior escena fue como la de una pelicula dramática y triste; y no quiero que luzca así. Para nada. Porque luego olvidé que eso había pasado hasta una semana después cuando decidí escribir esto. La vida continuó normal, universidad, disturbios públicos y manifestaciones contra el gobierno. El estudio pasó a segundo plano y yo de a poco me fui perdiendo en el mundo de las pastillas para lidiar con la inactividad. Sí, la inactividad mata al joven emprendedor. Así lo creo. Porque cuando no tengo nada que hacer, me vuelvo medio loquito. Creo que me hace falta una buena terapia de autocontrol con las drogas. Así no tendría que mendigar los ravotril de mi abuelita cada noche por no tener yo una receta. Hablando de clonapam, la ultima vez que lo dejé de tomar tuve convulsiones en un bus y a la vista y paciencia de todos mis compañeros. Qué gracioso. No importa, lo que ahora recuerdo es el sueño que tuve anoche. Escapaba con mis compañeros de la U a una casa que debíamos tomar por el movimiento estudiantil. Una verdadera payasada. No creo que esté en condiciones de escribir a estas horas. Tal vez deba descansar y disfrutar el éxtasis de una pastilla. Una vez me preguntaron por qué fumaba, les dije que no era por placer. Era porque deseaba morir. Si, es la única manera de matarme lentamente y así demostrar cuánto me odio a mi mismo. Era el síntoma de mi depresión. Si me ve fumar es porque aun deseo morirme, deseo acabar mi caotica vida de alguna vez y ese es el método perfecto. Asi que, bienvenido sea el aire de la descomposición que sufre el cerebro ante las drogas. Se me deteriora el raciocinio y me hundo en alegrias extravagantes, alegrias existenciales que solo mi clonazepam pueden regalarme. Por eso lo amo, porque saca lo que estaba escondido de mi y lo pone a la luz, para tomar las decisiones con claridad. Buenas noches.

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