domingo, 14 de agosto de 2011

El Oso y el Pez.



Dicen que las historias imposibles son las más difíciles de contar, pero yo cambiaré lo dicho por las voces y relataré la historia más bella de la fauna amazónica. Este es el cuento de un amor fuera de destino, lejos de foco y del curso natural, una alianza que rompió el estigma de lo obvio y entregó esperanza de libertad. Habíase una vez un oso, era un pequeño oso polar condenado al cautiverio de una vida tortuosa en el zoológico de la capital brasilera. Un descuido de traslado a capitales vecinas hizo explotar el camión de carga que acarreaba a los cientos de animales, y tras verse en plena selva, muchos escaparon llegando a la selva misma. El oso, triste y decaído, no tuvo más osadía que reiterar el camino del resto de los animales y comenzó un viaje por los lugares más poblados en materia animal. Conoció a cuánto animal se le cruzó, pero nunca encontró lo que buscaba, porque en el fondo la libertad que tanto ansiaba era el engaño de verse pleno con la otra mitad de su alma. Una mañana, la gaviota de la sabiduría, esa que volaba por todo el mundo dictando el destino a los escogidos, se acercó al pequeño oso y le murmuró el cambio que éste esperaba. "Han pasado diez años desde que fuiste libre, pero no eres feliz, el resto de tu ser está en el espejismo de tu blanco cuerpo, en el reflejo azulino de tu ser" ;. La gaviota voló dejando más confundido aún al pobre oso quien no tuvo más que refugiarse en una cueva junto al lago para esconderse de la lluvia. Pero algo le ocurrió, mientras amainaba el llover y las fuerzas de la naturaleza se calmaban, vio en las orillas de la roca una figura anaranjada moverse con estrepitosa fuerza. Era algo que llamaba su ser, un espíritu que clamaba ser escuchado. El oso sin disimulo se arrastró hasta casi tocar el agua, pero lo único que vio fue su reflejo, el mismo reflejo azulino pero corrupto por los gestos de un naranjo pez payaso sonriendo entre las aguas. “Te encontré” dijo el pez entre sollozos, “llevo toda la vida persiguiendote; la gaviota me ha dicho que ya era tiempo y aquí estás”.. Para el oso no fue dificil comprender que ése era el día más importante de su vida, el día que se había enamorado de un pez, y más que eso, que había encontrado su otra mitad. La historia no terminó allí, fue dificil conservar la relación porque no pertenecían a mismos mundos, pero sin duda lo lograron, le torcieron la mano al destino y se juraron amor eterno. Hoy, tras miles de años la historia se repite en la nueva humanidad, donde el curso natural de las cosas no es más que una fea pesadilla.

1 comentario:

Juan Luis dijo...

Awww! que historia tan maravillosa!! ...
Tienes un maravilloso don para unir las palabras! y crear historias!

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