viernes, 8 de julio de 2011

De Pastillas y Fobias.

Hoy vendrán todos los chicos de la Iglesia. La última vez que dejé de tomar clonazepam tuve convulsiones y perdi la memoria de ello enteradome de una inconsciencia de dos horas al sexto día de ocurrido el suceso. Considerando ambos argumentos anteriores, y en vista de que su similitud sea nula me veo en la necesidad de unir ambos pensamientos para confluir en mi mente lo que pienso desde que desperté. Odio las multitudes, creo que más prefiero sufrir solo que estar alegre con mucha gente. Tal vez sea una especie de fobia que desencadena problemas psicosomáticos en mi, porque el día en que boté espuma por la boca habia bastante gente a mi alrededor. Interesante sería la proposición de calcular el número exacto de personas que pueden estar en mi presencia sin alterar mi sistema psicomotor, pero no pasa de ser interesante porque le acompaña lo irrealizable. Tal vez deba considerar esconderme en las oscuras piezas de mi hogar y encerrarme en el mundo de fantasía que suelo visitar en momentos críticos, así mato dos palos de un tiro. No es que no me interese el partido, es sólo que nada me motiva a verlo. Creo que estando a esa hora en el twitter, sería lo mismo que verlo.

Maldito clonazepam. Ayer me tomé algunos gramos en la tarde y ahora sufro los efectos secundarios de desgano y depresión. Qué ironía, tendré que buscarme otro psicofármaco ansiolítico que me calme el problema de la ansiedad. Sabías, querido blog, que hace tiempo no te contaba banalidades como ésta. Creo que comenzaré a ir al gimnasio porque así libero más endorfinas y me siento mejor. Ju ju. Dulce placer. Ahora sólo me queda detenerme a escuchar música fuerte y cantar las canciones cebolleras que algún día tanto me dañaron, porque sólo así puedo liberar un poco los dolores de un parto interno, batalla del alma contra el espiritu que desgarra la carne de un modo psiquiatrico. No pretendo que alguien lo entiendo, como alguna vez nadie entendió la bien estructurada apología que demoré tres días en confeccionar, pero lo que sí pretendo es aclarar mis propios pensamientos.

El mundo, desde mi rincón, es negro. Y está lleno de luces que podrían ser planetas o incluso estrellas. A veces sueño con que la negrura desaparece y me sumergo en el interior de uno de esos mundos. Allí me siento en un pasto verde y sin hormigas, y recostado ante las nubes, soy feliz. Otras veces navego por los planetas acuáticos y me acuesto con sirenas perfectas en las alas que las jirafas nunca desarrollaron. Así revivo mi continuo vivir, experimentando la sensación de ser un libre de drogas a facil destajo. Porque desde que dejé el vicio del ansiolítico entonces, luego de vivir los síntomas de la desintoxicación, ya no he vuelto a tomar, en esas cantidades, medicamento que me drogue así, ni siquiera para dormir. Entonces desde que me enfrento al espacio de la mente sin protecciones deshinibidoras, las cosas resultan más coloridas y perfectas, y el recuerdo ya no luce como un sueño perdido entre las pesadillas, sino que se vive perfecto en el mediodía de la vida.

Aún me queda un problema por resolver, el de la fobia a la gente. Presumiendo mis habilidades tendré que evaluar un resultado único y es el de enfrentarme a dicha situación sin múltiples respuestas. Aguantar, resistir, el hechizo de entregarme a la desesperación. No más inconsciencia porque la libertad consiste precisamente en lo contrario, estar lúcido para vislumbrar tus propias decisiones, ¿y por qué no? También lúcido para vivir las consecuencias de tus temidas choises.

Ahora bien, mencionar que ésta no es la única fobia que me molesta el vivir, pero es la más fuerte, ya que el resto no me causa desmayos prolongados. Pero tengo algo claro que siempre mantendré presente; un temor jamás podrá matarme, porque es simplemente eso, un vano, simple, estúpido rumor.

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