jueves, 24 de marzo de 2011

En las patas de los caballos

Meterse en las patas de los caballos es un deporte reconocido en el mundo entero. Estoy más que seguro que la actividad ha pasado al campo cultural de la etnia chilena, y que con los años, se consolida como la fuente de soporte para muchos jóvenes y adultos que conviven el día a día. Mi sueño siempre fue, de una u otra forma, vivir cosas emocionantes. Y creo que en la acción de entrometerse mientras el caballo galopa es lo más choro a lo que puedo yo optar. Claro que esto es mera abstracción de lo real. Porque cuando me meto en aprietos, ahí recién valoro lo emocionante del vivir. Me imagino mi vida sin altibajos y pienso en una no-serie de televisión y eso me deprime. Sería como esos realitys absurdos donde al final no se llega a ninguna relación. Fome. Pero no, yo he optado por meterme en las patas de los caballos cuando éste cabalgue a doscientos kilómetros por hora, y es increíble. Lo recomiendo. Es casi tan extremo como bailar lady gaga en una competición de coreografías, o casi tan choro como tragarse una mosca. Pero yo diría que incluso más. Este sueño irrealizable concreto del que hablo se ve práctico cuando, por ejemplo, escribo esto en medio de los bypass de la carretera. Creí que sería elocuente balancear el netbook hasta mi universidad, y en el trayecto sentarme en la última fila de asientos a redactar algo de los más entrete. Considero el objetivo cumplido, además que la música a todo chancho en mis oídos de Melocos y Angy es re tela. Lo que más lamento es que no pueda escuchar el Waka-waka porque ahí me pondría a bailar en el diminuto pasillo del microbus. Los caballos, en Inglaterra son blancos y puros, acá en Chile los caballos son sucios y color caca. Lo más desagradable de estar entre sus patas es que si te despistas y te quedas atrás, te cae mierda en la cara. El lado bueno del asunto es que como sólo comen asfalto es pastosa, así que no afecta a tu digestión. Se come sin cocción, directo del ano a la boca. Okno. Pero sí se debe decir que este es el menor de los males ante los condiciones. El deporte de correr aqui es extremadamente peligroso para el deportista. Puede, eventualmente, morir aplastado por una herradura. Dicen que penetran al corazón y lo rompen en mil pedazos. En correcta sucesión se podría considerar un evento públicamente inestable e indeseado, pero las masas dicen algo distinto. Es el deporte escogido por el chileno. ¿Por qué? Porque el chileno es roto, ordinario, desubicado y se pica con facilidad. Si le dicen Gallina, demuestra con todas sus fuerzas que es todo lo contrario, un deportista sin límites. Y por lo mismo el índice de suicidio es tan alto en el país, porque desde que el gobierno de Optimus Prime rechazó este deporte como ilegal, también se creo la ley orgánica que dictaba el resultado de su muerte como un suicidio innato del individuo. Lamentable que se desprecie de tal modo la avaricia del orgullo humano chileno. En tal caso, de que se considerar dentro de las normas jurídicas, de seguro que pasaría algo similar. Pero como aún es algo moral, entonces la sanción poco importa porque nadie mide la consecuencia; y si el caballo ya te pisó una vez, tu mente chilena lo olvida y perdona; todo con tal de correr un poco más junto al caballo que te cagará la vida encima.

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