domingo, 20 de marzo de 2011

Del Amor y la Luna

Romeo y Julieta se aman, pero nunca tendrán la libertad de expresar ese amor porque el destino decidió transformarla en la obra más trágica y amorosa de todos los tiempos. Cada vez que Julieta lloró en su balcón, o que Romeo derramaba lágrimas en la oscuridad; sus esencias se volcaban hacia la unión espiritual con sus padres. Las fuerzas místicas de cada familia, en un osado trabajo hechicero, intentaron hacer lo imposible para que la historia se viera cumplida a cabalidad; con sus amores contrariados como base del desenredo que brindara un final no-feliz.

Julieta se enamoró de su propia sentencia de muerte y sólo una cosa le unió a su amado en aquellas noches frías de espera: la luna. Era la estrella que representaba la interioridad de los amantes: estoy roto alejado, lejos y sin vida; pero aún te logro ver a diario. Increible pensar que el espíritu de la luna debió soportar aquella sentencia de paz que la convertiría en la madre de las cartas que conllevan amor, carga contraria al peso de las lágrimas. Es así como desde que la Luna entendió que Julieta lloraría cada vez que el amor estuviese a su contraparte; se dedicó a armar estos desastres naturales de la influencia envidiable en la sociedad. Asi como la luna controló las mareas, con los años se instruyó en el arte de hacer mover sentimientos y emociones, de afectar el alma por medio del agua consumida. No lo logró con Romeo y Julieta, no alcanzó a desarrollar esa intuición que el alma puede desarrollar en luna llena la noche en que ambos murieron, pero sí más tarde se dedico a profundizar en el esquema y constribuir a la formación de un mundo donde los Romeos fueran entes llenos de agua, dominados a su imagen, y manipulados a su contraparte. Era la única manera de controlar el desborde que el amor estaba provocando en la tierra respecto a los amores falsos. Y anoche, una vez más, la luna; sentenciada a permanecer lejos de la tierra por veinte mil años más, se lanzó con el poder que el amor le ha brindado todo este tiempo; y en el placer recíproco de su trabajo, ha podido acercarse un poco más al planeta que tanto ama, y que también tanto extraña. El control de ciertas almas humanas en su quehacer amoroso es el primer paso, otros lo han estimado como la transformación y locura de la falta de amor cuando la presencia de la luna es innegable; pero nosotros, sus hijos, los que sabemos la historia real, creemos que algún día la luna podrá volver a la tierra y que su terrible castigo habrá sido condonado por su propio esfuerzo de erradicar lo errado de las relaciones en este planeta de gente tan distorsionada. Romeo y Julieta no se amaron lo suficiente, porque la luna no les ayudó; pero hoy, hoy tenemos la posibilidad de amar como nunca porque la luna, la estrella luminosa del cielo, está más cerca que nunca.

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