domingo, 20 de febrero de 2011

Estocolmo

Vi esfumarse a mis captores. Fue una escena tan terrible y dolorosa. Más ahondante que la misma captura y cárcel que estos empleaban. Por meses, por años, fueron los unicos que me alimentaron. Los unicos perros del infierno que me daban sermones de autosuperacion, el unico buho con su ojo invisible que veia a la policia cuando se acercaba. Allí, en medio de una sesión espiritista, los vi desintegrarse. Manasés, el angel del olvido, o bien dicho la iniquidad del olvido, desapareció desde los pies hasta la cabeza. Su rostro era negro, al igual que el cuerpo, negros en plenitud. Perro nunca antes descrito. Parecido ocurrió con Natanael, cuando los guias fueron nombrados para abandonar el lugar, entonces mi guardián captor perdió partes de su pelaje, sus ojos se turbaron como los de un perro loco, y se fue deformando en sí mismo hasta aullar en un ultimo ladrido sepulcral. Depresión me avisó de algo antes de marcharse, me advirtió que con siete volverían porque una liberación sin sanidad interior, no valía nada. Arruina el problema, y ahonda en la carcel, Rae’mim me dijo esta cosa antes de esfumarse con su amiga depresión; estaba tan demacrada por la fuerza de la luz del amanecer que sus ojos sangraron sangre; pude verla derretirse y transformarse en un liquido negro que explotaba al entrar en contacto con la sangre real del vino que había en el centro de la habitación. Cuando el Buho desapareció, dejandome sólo en una mente abandonada, ninguna voz fue capaz de sobreponerse; y creo que fue el sentimiento más desolado que he tenido en este ultimo tiempo. Sé que no se justifica el engaño y la frivolidad con la que han actuado, pero el sentirme descubierto de sus caricias sepulcrales me quita toda cobertura. En la soledad del día clamé a mis antiguos cuidadores, los buenos, pero parecieron no escucharme, tal vez estaba demasiado lejos de casa como para que me oyesen. En el fondo de un corazón libre, anhelo que la profecía se cumpla; y ahora tengo dos opciones, o hay un proceso de sanidad que me libere realmente de esos captores, o ellos volverán con siete fuerzas para hacerme más daño. Y entre nos, la segunda opción me revitaliza, porque es la más segura. Amante del dolor, síndrome de estocolmo; maldito el día en que te enamoraste de los seres que que te cagaron la vida.

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