lunes, 1 de noviembre de 2010

Desahucio

Hay un viento terrible allá afuera. Dicen que cuando la tierra se enfrenta a estos fenómenos, son las estrellas que nos visitan con su polvo interestelar para recordarnos que no estamos solos en este universo. Camino hacia la ventana pero no puedo abrirla, no sólo porque el hombre me lo haya impedido, sino que porque estamos atrapados en este hotel de mierda; encerrados en nuestra propia soberbia.

Hoy es el séptimo día desde nuestra llegada, no he comido en una semana. A veces pierdo el conocimiento, pero el agua me ha permitido subsistir. Ayer murió la bebé de la joven que solía hablar conmigo los primeros días; creo que fue de frío, despertó muerta. Ella ha llorado desde que tuvimos que tirarla por el ducto de la basura. El viento sigue soplando, el granizo y la sangre se han unido al llanto de la naturaleza.

El edificio es enorme, pero la mayoría de éste ha sido contaminado por el aire. Tuvimos que encerrarnos en esta pieza. El mayor de nosotros dice que hay una esperanza, que sólo hay que esperar pero yo ya perdí la fe hace mucho. Lo más irónico de nuestra situación es que ella esté aquí, a escasos metros de mis labios, pero a la vez tan lejos de su corazón. Le he hablado para saber cómo está, pero me ha respondido con miradas dolorosas e indiferentes. Se cobija en él, su nuevo amor, causándome un dolor su mirada que me perfora el alma.

Camino hacia la ventana, estoy cansado de todo; intento abrirla por la fuerza pero su hombre me forcejea para acabar mis impulsos. Lloro, me falta el aire, me falta la vida, todo ha perdido el sentido de ser. Aunque salgamos de aquí, aunque la tierra vuelva a su estado original; nada, nunca volverá a ser lo mismo. Nunca.

¿Y qué es vivir cuando el final es muerte? No hay razón para sobrevivir, para sembrar o esforzarse, si finalmente todo terminará por engrandecer a los valientes que lejos están de mi condición. Reflexiono en silencio, ante la vista de los cientos de miles de ojos que se posan sobre mis lágrimas. Por última vez siento ese vacío en las entrañas, y me entrego a la perdición; ya nadie podrá detener la caída. La mujer del bebé me mira con dolor, el mayor se sujeta de su bastón, ella lo abraza y cierra los ojos. En un momento desaparecen, se alejan, se vierte la condición y sólo veo oscuridad a mis lados. Estoy aquí mismo, en la misma muerte, imaginando nuestra vida e intentando comprenderla en su magnitud. A lo lejos una estrella me sopla el rostro, y comprendo que he salido de la habitación que capturaba mi realidad, que he salido del mundo y que mi imaginación ha logrado plasmar el todo en un ensueño perfecto.

Estoy desahuciado. Muerto de por vida, condenado al sufrimiento de una vida doble. La sentencia se aproxima y mi condición sólo logra humillarme ante el poder del universo. Me resigno, cierro los ojos mientras ellos me poseen, mientras me desintegran el espíritu y se apoderan de mi alma. El miedo a lo desconocido ha pasado, porque ya todo ha acabado y porque en el fondo de la realidad, un aire de consuelo me invade el corazón.

Nunca nada será igual, nunca nada volverá a ser algo.

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