domingo, 18 de julio de 2010

La habitación


Es una habitación blanca. Tiene una gran puerta frente a mí. He estado aquí desde que atravesé el umbral de la noche, y desde que el despertar fue un enigma resuelto. La puerta, gloriosa y perfecta, deja de ser el centro de atención cuando las luces se prenden. Son cientas de ampolletas que me encandilan. Rodean la silla, rodean las ataduras. El show ha comenzado, y las compuertas avanzan sin piedad encerrándome cada minuto más. Las luces se van apagando de a una, y la que parecía ser una habitación blanca se transforma en una negrura total. Enfoco mi mirada en la oscuridad y siento la presencia de las paredes acercarse. La puerta, gloriosa y perfecta, es el centro de atención en mi mente. La recuerdo en sus matices dorados, mas en tanto espesor no logro encontrarla. La silla se ha roto, mis ataduras han sucumbido ante el destructor mismo. Corro en la densa noche buscando a tientas alguna salida. El techo baja, y el suelo sube. Busco una manilla que me saque de la habitación destructora. Mi presión está al límite, la sangre corre al doble. Lo siento en mis caderas, me vuelco para evitar el roce de las paredes laterales. Camino arrastrando la bola que recubre mis piernas, pero no alcanzo a tocar el final del reducido espacio. Las paredes se acercan y me encierran la caja torácica. Ha llegado el momento final, el último respiro antes de abrir la puerta que me sacará de la cámara oscura y me llevará a un lugar de salvación.

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