sábado, 26 de junio de 2010

La playa


¿Dónde están? Juro haberlos visto, estaban aquí al lado mío. Fue la continuación a un sueño antiguo, a uno donde la mansión era la protagonista de fabricar asesinos. Sin embargo, ahora estaba en la playa, en el patio de ese lugar. Solo. Indefenso, sin vestimentas que me cubrieron del frío. El sol comenzó a decaer, y la puesta ya era inminente. Intenté correr por la playa, pero sólo había más de la misma. El sol se detuvo, me miró desde el espacio y quemó cada granito que hacía contacto con mis pies. El dolor se hizo insoportable, corrí a las olas para acallar el espanto de la soledad que comía desde la planta de los pies.
Intenté salvarme, salir de aquel lugar; pero al igual que otros sueños, era la única plataforma dónde podía estar. Parecía un videojuego mal grabado con un sólo escenario de fondo. El miedo me subió a la cabeza, el dolor del ardor me rompió los pies en sangre. Las heridas se agraviaron con el salar del mar. El sufrimiento se hacía insoportable; tendido en la arena mojada, despierto por la marea salvaje, vi cuando el sol se escondió. Temí morir en una noche triste, mas la luna no tardó en alumbrar los miedos. La soledad me acompañó, de pie, con las heridas abiertas y el corazón destrozado, caminé hasta el fondo, hasta que el agua me cubrió la cabeza; hasta que las algas se enrollaran en mis pies y me ahogaran en un sueño perfecto. Pero nada pasó, la estúpida conciencia de estar vivo me angustió, seguía allí a pesar de la falta de oxígeno. Dulce ironía de la muerte, ya había alcanzado ese estado en el sueño anterior; y ahora, por más que lo intentara no podría nunca salir de la pantalla de ese juego mal grabado.
Volví a la playa, el sol estaba nuevamente listo para quemar mis pies; para sobrecalentar la arena y lastimarme el alma. La situación se repetía, una y otra vez se repetía. El dolor aumentaba, la soledad me marcaba hasta no dejar ya nada. De a poco fui muriendo, muriendo en el sueño de la playa, uno mal planeado; una pesadilla que me encerró en mi propio mundo mental.
El cielo está despejado, las estrellas cantan y la luna me recita durante el funeral. Estoy muriendo, una vez más, en esta playa solitaria. El mundo acaba en mi cabeza, la fiesta se apagó incluso en mis memorias. Cierro los ojos, la luz deja de tocarme y la oscuridad se aferra a mi cuerpo. Los siento ultrajarme, violarme, arrancarme la vida. La playa está desierta, fría y solitaria me entierra en sus arenas mientras el viento sopla fuerte. Alcanzan a decirme algo, las voces del otro extremo me llaman en un susurro. Estás atrapado, para siempre. La desesperación me carcome el interior, me destroza las carnes, me desnutre el hueso; imploro calor, ayuda, falsas esperanzas que desaparecieron la vez anterior, cuando el sol estaba vivo y cuando yo no estaba solo. La ilusión terminó el día que quedé atrapado, porque la soledad no se permitiría nunca perder a su único aliado.

1 comentario:

Mutante dijo...

Este es, sin duda, uno de tus mejores textos... tienes pasajes francamente notables. Y #eso

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