lunes, 31 de mayo de 2010

Grado de Dolor

Hace más de un año le comenté a una amiga que el umbral de dolor de la juventud era cada vez menor. Los jóvenes sufren por cosas mínimas, por idioteces que ni se podrían comparar a los grandes sufrimientos de siglos pasados. El individualismo es parte de esta mentalidad suicida donde cada joven emo es el centro de atención del mundo en el cual se encuentra. En parte para por la poca empatía de los humanos que hoy existe, son pocos los que realmente se dedican a ayudar a otros; y si lo hacen, es por dinero por supuesto. Así nacieron los psicólogos, psiquiatras, terapeutas y todos esos maestros religiosos que buscan la paz del “paciente”. A veces esa paz radica en la felicidad de una vida, pero difícilmente se puede encontrar si vivimos encerrados en nosotros mismos. A veces me odio por lo mismo. Creo que sufro por tonteras, que a otros les ha tocado peor; y eso me motiva, me motiva a ayudar. En el fondo siempre he querido acabar con las injusticias hacia las personas, odio ver como cientos son engañados sin un fruncir de ceño por parte del captor. Globalización fue el proceso que más aportó a esta realidad depresiva, el índice actual de sufrimiento es mucho mayor que hace unas décadas y es debido, en gran medida, a los alcances de la web. Puede que mi pensamiento sea arcaico, pero considero que las nuevas generaciones, además de pervertirse con el tiempo, también exageran el dolor de una simple herida. No me considero superior a ninguno de ellos, es más, me da rabia pertenecer a ese mundo de jóvenes inmaduros que no saben sobrellevar la simplicidad de la vida. Aún así, creo que en mente siempre debemos mirar más allá de lo que nos rodea. Para ello suelo concentrarme en mi patria, en Chile o en otros países que necesitan jóvenes potentes, agentes de cambio con fuerza para impulsar nuevas políticas. No tengo sueños, los perdí hace mucho, pero si existe un solo anhelo en mi destrozado corazón es sobrevivir para acabar con la injusticia, para develar la corrupción, y para abofetear a cientos de jóvenes e intentar centrarlos. Muchos piensan lo mismo, pero no son lo suficientemente fuertes como para llevarlo a cabo. Tal vez sea otra utopía más de la vida, otra etapa y mentalidad de la absurda juventud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario